En luna llena muchas personas notan lo mismo: se duerme distinto, estamos más sensibles y la cabeza va más rápido.
No es nada raro.
Hay más luz por la noche y eso ya cambia cómo descansamos… y cómo sentimos.
Esta luna llega en un momento del año en el que el cuerpo suele pedir algo sencillo: bajar un poco el ritmo.
Y cuando decimos bajar el ritmo, no hablamos de hacer nada especial. Hablamos de cosas pequeñas, de las de todos los días.
- De apagar un poco el ruido de fuera.
- De moverte más despacio.
- De elegir un momento para ti, aunque sea corto.
A veces bajar el ritmo es simplemente cambiar el ambiente:
- abrir la ventana,
- poner una luz más suave,
- encender un sahumerio, un incienso o una vela,
- prepararte algo calentito,
- darte una ducha con calma,
- ponerte una sudadera que abrace,
- sentarte un rato sin hacer nada más.
Cuando hablamos de incienso o sahumerio puede parecer que hablamos de algo especial, pero en realidad su efecto es bastante sencillo.
El incienso y el sahumerio ayudan a:
- cambiar el olor del espacio
- crear una sensación de orden y limpieza
- marcar un antes y un después en el ambiente
- asociar un momento de calma a un aroma concreto
Nuestro cerebro conecta el olor con la emoción. Por eso, cuando repetimos ese gesto —encender un sahumerio, ventilar, sentarnos— el cuerpo empieza a entender que es momento de bajar el ritmo.
No es magia. Es hábito.
Y los hábitos sencillos también cuidan.
Para esta luna llena, quizá solo haga falta eso: darte un rato de calma.

